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El uso y disfrute de la vivienda familiar, ¿a quién se le atribuye?

Por encima de todo siempre se va a tener en cuanta el interés de los menores.
El uso de la vivienda familiar puede crear conflictos.

¿En una separación con hijos, quién queda la casa? Según recoge el Código Civil, los cónyuges deben vivir juntos, y para ello fijan de común acuerdo el que será su domicilio conyugal y familiar. Pero la ruptura matrimonial deja sin efecto la convivencia, y les obliga a ponerse de acuerdo en el ejercicio de las facultades inherentes a la patria potestad.

Entre otras, la de fijar un nuevo domicilio para los hijos comunes. Lo primero que debemos saber es que no depende de quién sea el propietario de la vivienda, sino que, por encima de todo, se va a tener en cuenta el interés de los menores que queden afectados por esa medida. Así que respondamos a una serie de cuestiones, partiendo de la más habitual: ¿Quién se queda a vivir en la que fue la vivienda familiar?

El uso y disfrute del domicilio familiar

En principio, impera la voluntad de las partes. Es decir, en el convenio regulador, ambos pueden acordar lo que estimen más conveniente de acuerdo con sus circunstancias en lo relativo al uso y disfrute de la vivienda familiar. Ahora bien, estos pactos deberán ser aprobados por el juez, que decidirá si lo acordado es beneficioso para los menores de edad afectados o para el interés que considere más digno de protección.

Pero en caso de que se opte por la vía notarial, no existirá este control del notario; únicamente se limita a advertir si es o no perjudicial para los cónyuges, quienes deberán consentir dicha atribución.

Un factor muy importante en la atribución de la vivienda es si existen o no hijos comunes. Hace unos años, la custodia materna exclusiva conllevaba automáticamente la atribución de la vivienda a los hijos y, consecuentemente, a la madre. Pero cada vez más se atribuye la guarda y custodia compartida, por lo que, caso por caso deberá estudiarse cuál es el interés del menor.

Si no hubiese acuerdo entre las partes, el artículo 96.1 CC, recientemente modificado, recoge que deberá atribuirse a los hijos comunes menores de edad y al cónyuge en cuya compañía queden, hasta que todos alcancen la mayoría de edad. Es decir, los mayores de edad en situación de discapacidad se equiparan a los hijos menores de edad, aumentando así su protección. Si entre los hijos hubiese alguno en situación de discapacidad, podrá prorrogarse el uso de la vivienda familiar en los términos que el Juez considere, y en función de las circunstancias concurrentes.

En caso de que exista un claro desequilibrio económico de los progenitores, se podrá atribuir al cónyuge más desfavorecido, incluso en situación de guarda y custodia compartida. Lo idóneo en estas situaciones es solicitar una limitación temporal (un año, por ejemplo), con la intención de permitirle mejorar laboral y económicamente y poder encontrar después su propia vivienda.

Por otra parte, en caso de no existir hijos comunes, podrá recogerse en el convenio que durante un tiempo prudencial se atribuya la vivienda al cónyuge no titular, si se considera aconsejable y su interés fuera el más necesitado de protección

 ¿Y si soy el propietario?

Esta es una cuestión que debe ser aclarada: la propiedad de la vivienda es independiente a la atribución del uso. Las partes pueden acordar atribuirlo incluso a aquel que no es propietario.

O siendo ambos propietarios, pueden estipular el uso a uno sólo de los cónyuges o incluso a ambos en periodos alternos. Como tratamos en profundidad en otros posts, la opinión de los profesionales e incluso de los jueces sobre la alternancia del uso o la famosa casa nido no es positiva, porque suele entrañar roces y más problemas entre los progenitores. Solamente puede contemplarse si la relación entre ambos es buena y colaborativa.

Si la vivienda pertenece a un tercero (normalmente, los padres de uno de los miembros de la pareja), es necesario que presten su consentimiento al uso. De esta manera, evitaremos un procedimiento judicial posterior de desahucio por precario.

El pago de los gastos

Partimos de nuevo de la total libertad para decidir quién abona los gastos. Vamos a distinguir dos tipos de gastos:

  1. Gastos corrientes: Entran los gastos relativos al consumo: Luz, agua, gas, telefonía fija e Internet… Serán abonados por el que disfrute de la vivienda, salvo pacto en contrario.
  2. Gastos inherentes a la propiedad: Cuotas de la comunidad de propietarios, hipoteca, reparaciones, IBI, seguros del hogar… Sino se pacta nada, deberán ser abonados al 50 por ciento por los copropietarios. Los gastos ordinarios de reparación, conservación y mantenimiento están a cargo del beneficiario del derecho de uso.

El ajuar conyugal

Los bienes muebles de uso ordinario son aquellos que se encuentran en la vivienda familiar y que se utilizan en el día a día. El ajuar doméstico se conforma de vajillas, ropa de camas, edredones… Si las partes están conformes, nada impide que realicen un inventario detallado del mismo y qué bienes quedan en uso de uno o del otro. No están incluidos dentro del ajuar objetos como las alhajas, la ropa de vestir, los libros o las colecciones científicas y artísticas.

¿Se puede al menor atribuir una vivienda distinta a la familiar?

Así es. Se puede atribuir al menor una vivienda que pertenezca a terceras personas, siempre que la residencia que se le atribuya sea la adecuada para satisfacer las necesidades de los hijos menores de edad. No olvidemos que lo importante es que cumpla con una serie de requisitos de habitabilidad, salubridad, seguridad, etc.

La convivencia con un tercero

Por último, tratamos una cuestión que surge en numerosas ocasiones entre parejas divorciadas: ¿Qué ocurre si entra a vivir un tercero en la vivienda familiar? Es decir, si el cónyuge al que se le ha atribuido la vivienda rehace su vida, por ejemplo. La respuesta es clara: Se extingue el derecho al uso de la misma. En tal supuesto, el carácter de familiar desaparece, no porque el progenitor y los hijos dejen de vivir en ella, sino por la entrada de un tercero, dejando de servir a los intereses de la familia.

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