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Los animales en el proceso de divorcio

El cuidado de los animales domésticos en caso de separación

Nuestros animales de compañía son como un miembro más de la familia. Siempre lo habían sido, pero es que además actualmente así están reconocidos por la legislación. La Ley 17/2021 de 15 de diciembre modificó el Código Civil en lo relativo al régimen jurídico aplicable a los animales.

Anteriormente a la reforma llevada a cabo por la Ley 17/2021, los animales se consideraban cosas muebles que incluso podían ser embargados. En la actualidad, son seres dotados de sensibilidad que merecen ser protegidos. 

Esto da respuesta a una necesidad latente, puesto que no existía unidad legislativa al respecto, especialmente en situaciones de crisis familiar. Tampoco la jurisprudencia era muy clara: algunos juzgados se negaban a regular un régimen de tenencia de animales en caso de separación o divorcio. 

Sí que es digna de mencionar la Sentencia 358/2021 de 7 de octubre de 2021, del Juzgado de Primera Instancia Número 11 de Madrid (anterior a la aprobación de la ley). Según se recoge, “no resulta ocioso recordar que la relación con un animal de compañía -en este caso un perro- implica una relación emocional que no es comparable con el derecho de propiedad sobre otro tipo de bienes. Se trata de un ser vivo que acompaña e interactúa con sus propietarios, creándose estrechos lazos de afectividad mutua que deben ser conservados”.

Vamos a analizar cuáles son los cambios operados y cómo se plasman en el caso de que exista una crisis familiar. 

Cambios básicos

La ley actual se adapta al Convenio Europeo sobre protección de animales de compañía, que recoge que nadie deberá abandonar a un animal de compañía y nadie deberá infligir innecesariamente dolor, sufrimiento o angustia a un animal de compañía. 

De acuerdo con el apartado 2º del Artículo 333 del Código Civil, el propietario, poseedor o titular de cualquier otro derecho sobre un animal debe ejercer sus derechos sobre él y sus deberes de cuidado respetando su cualidad de ser sintiente, asegurando su bienestar conforme a las características de cada especie, y respetando siempre las limitaciones establecidas en las normas vigentes.

El artículo 90.1 CC se redacta del siguiente modo «El destino de los animales de compañía, en caso de que existan, teniendo en cuenta el interés de los miembros de la familia y del bienestar del animal; el reparto de los tiempos de convivencia y cuidado si fuese necesario, así como las cargas asociadas al cuidado del animal».

Entonces, si en un proceso de divorcio existen animales de compañía, las medidas que les afecten deberán ser reguladas. Y podrán ser incluidas en convenio regulador en caso de acuerdo entre las partes, o bien será el Juez quien deba decidirlas. No se regula una guarda y cuidado compartido de manera expresa, pero sí podrá otorgarse. 

Ahora bien, si los acuerdos adoptados en el convenio regulador fueran gravemente lesivos para los animales de compañía, la autoridad judicial podrá modificarlos.  Asimismo, existen limitaciones a la guarda y cuidado en caso de que existan antecedentes por maltrato animal, o en el supuesto de que se utilicen a los mismos para ejercer violencia doméstica y de género. 

¿Y si el animal no está a mi nombre?

La jurisprudencia ya se ha pronunciado al respecto, y la titularidad real es independiente de la administrativa. Es decir, que, aunque el animal este “chipado” a nombre de uno de los miembros de la pareja se le puede reconocer la propiedad al otro. Lo que prima, por encima de todo, es el bienestar animal, con independencia de la titularidad dominical. 

La prueba que podemos aportar puede ser variada: fotografías con el animal, facturas de la clínica veterinaria o testigos que acrediten quién se encarga de manera habitual de los cuidados del animal. 

El bienestar del animal, ¿Qué es?

En primer lugar, llegados a un procedimiento contencioso en el que solicitar la guarda y cuidado de un animal de compañía, deberemos acreditar el bienestar del animal. Como ocurre con el interés superior del menor, se trata de un concepto jurídico indeterminado que deberá ser valorado por el Juez.  

Para poder acreditarlo, puede recurrirse a profesionales del mundo veterinario, concretamente a un etólogo. Se trata de un profesional que estudia el comportamiento de los animales, y que en un proceso de este tipo podrá determinar con cuál de los miembros de la pareja el animal está seguro, cuáles son las mejores rutinas para él…

También se puede regular un régimen de visitas en favor de la parte de la pareja a la cual no se le atribuye su cuidado, aunque no siempre tiene que haberlas (la ley dice “en el caso de que proceda”). 

El Convenio Regulador con animales de compañía

Como hemos explicado en anteriores posts, la pareja puede iniciar los trámites de divorcio o separación de manera amistosa. En ese caso, deberá firmar un Convenio Regulador con las medidas que rijan esta nueva situación. Pues bien, si tienen animales de compañía, se deberá regular su destino en este documento. Asimismo, deberán recogerse en convenio especialmente estos dos puntos:

  1. Quién se hace cargo de los gastos del animal: Cada uno puede encargarse del abono de los gastos de alimentos, y pagar al 50 por ciento otros gastos extras, como, por ejemplo, los gastos veterinarios. También será necesario regular casos extraordinarios, como, por ejemplo, una operación o un tratamiento, pues suelen tener un elevado coste. 
  2. Guarda y cuidado y régimen de visitas: Si la pareja tiene hijos, una solución puede ser que los animales se trasladen junto con los niños. De esta manera, no se les separa del animal o animales, y ambos progenitores disfrutan también de sus mascotas. Aunque para regular esta cuestión también deberá tenerse en cuenta el tipo de animal, pues para algunas especies o razas, los cambios constantes de casa pueden provocar cambios en su comportamiento. Por tanto, lo idóneo es hacer balance entre lo mejor para la situación familiar, incluidos los niños, tratando de no modificar las rutinas del animal.

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